Cuando amas, das parte de ti a otra persona, temes que el otro no sea capaz de aprovecharlo, que nos decepcione, que nos haga daño... y de ahí surge el miedo a querer. Pero esto se convierte en la pescadilla que se muerde la cola. Debe ser para nosotros una obligación moral ser felices, arriesgarnos, equivocarnos y aprender de nuestros errores. Saber lo que estamos buscando, lo que necesitamos en nuestra vida.
No estamos aislados, vivimos en constante comunicación con la sociedad que nos rodea, nuestros amigos, nuestra familia y aquellos que preferiríamos no conocer. Pero para que este último caso no se lleve a cabo todos deberíamos respetarnos, no faltarnos y sobre todo no hacer sufrir al resto, porque ni todos somos iguales ni todos reaccionamos por igual ante las mismas circunstancias. Y donde unos aprenden, olvidan y no cometen el mismo error, otros viven con ese dolor toda su vida, hasta el punto de aislarse y no atreverse a ser feliz de nuevo.

Bueno, bueno, veo que te has permitido un poco de tiempo para añadir una nueva entrada a tu blog! ¿comentario? Ninguno que ya no sepas... Vivir de recuerdos, y más si éstos son amargos, no sirve de nada. No hay que tener miedo a ser feliz. Lo que pasa es que no siempre se entiende que se puede ser feliz con muchas cosas, que la felicidad no sólo viene dada con una relación de pareja, pues aunque sigo creyendo en eso de que "el hombre y la mujer distintos pero pares" no hay que perseguir SOLO esa meta. La vida te ofrece oportunidades increíbles de felicidad. También hay que saber que la felicidad es como la paz: no se goza, se crea. Yo lo se. Y con y por eso vivo. Espero que lo notéis los que estáis cerca de mi!
ResponderEliminar