miércoles, 28 de noviembre de 2012

+1.

Soplar las velas no implica hacerse mayor, cumplir años no significa mirar a las personas por encima del hombro, tampoco te da la libertad de actuar sin tener en consideración a los demás. El paso del tiempo sólo es una cuestión de madurez, un camino en el que cada paso cuenta, en el que cada decisión te llevará por un sendero, y un tropiezo te hará aprender. 

Aunque puede que, incluso tras haberte encontrado la señal de peligro, te empeñes en continuar esa marcha. Pues no llores cuando llegues al final, advertido estabas.
Muchos pensáis que en cuanto alcanzáis la adolescencia tenéis carta blanca, pleno derecho a desmadrar y vivir de una forma que directa o indirectamente perjudica a quienes os rodean. Y no hablemos de la juventud, en la que parece que por poder conducir, beber y fumar sin que te detengan o te llamen la atención, te crees dueño y señor de todo. Cuánta ignorancia.
Y todavía peor son algunos adultos. Aquellos que critican a los jóvenes sin ser conscientes de que en ocasiones hacen cosas incluso peores: como mentir, meterse en vidas ajenas y juzgar con plena potestad si el modo de vida de la sociedad es el adecuado o no.

La moral no es ninguna utopía, no es un sueño inalcanzable ni un deseo que no se pueda cumplir. El error está en nuestra forma de actuar, en exigir cómo deben vivir quienes no piensan como nosotros, porque estamos tan sumamente convencidos de nuestra perfección que cualquier fallo nos molesta, nos incomoda hasta el punto de prohibir y restringir los derechos de los demás.
Esto no va por todos, si por muchos, pero no por todos. ¿Cómo vamos a aconsejar qué dirección deben seguir si no somos conscientes de los baches que encontramos en nuestro propio camino?


Buen viaje, compañeros.

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