Algo que no tengas, que te guste, que no se te olvide jamás, que sonrías y no finjas, que te emocione, que te recuerde a mí... Te regalo mis sonrisas, mis palabras, mis caricias y mis abrazos. Te regalo mis lágrimas, mis ganas de discutir, de escucharte, de que me escuches. Mis ideas, deseos, besos, mi corazón y parte de mi vida. Mi vida entera te la ganarás con el tiempo, temo dártela toda enseguida, perderte y perderla. Te regalo cada momento en el que te haré disfrutar como si fuese el último que vayamos a vivir. Te regalaré hasta la última milésima de segundo que tenga, por estar contigo y que estés conmigo.

Así es. Esa es la promesa. Esa es la esencia. Pero es un regalo que debe ser mutuo. El mismo regalo de uno para el otro. Y así, compartir la vida entera, todos y cada uno de los instantes, porque dos consiguen ser uno... y no uno en dos partes que sufren por su cuenta... todo llegará... cuando tenga que llegar. No hay que tener prisa.
ResponderEliminar