Dios es el único que sabe por qué nos pasa y sólo Él puede solucionarlo. Pero nos pone a prueba. No intentemos entender su mente porque jamás lo conseguiremos. Tan solo intentemos arreglar las cosas por nuestros medios mientras Él lo hace por los suyos.
No le busques explicación a todo, simplemente actúa por tu forma de pensar y por lo que tú consideras correcto. Y si te equivocas, no te preocupes porque al fin y al cabo de los errores se aprende.
Se aprende de los errores, ya lo creo, pero duele infinito. Sobre todo cuando además de saber que has metido la pata, estabas avisado de que podría ocurrir. Echarle la culpa a otro está bien, pero el error es tuyo y pesa y más si sabes que al otro, a quien te ha empujado al error,le importa un bledo el daño hecho y eso fastidia más aún. Lo que consuela de verdad es saber que has actuado en coherencia contigo misma. El bálsamo: la fe y la confianza en ÉL.
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