Seguro que piensas que me hago la victima en esta historia, pero sé que tú también sabes que en el fondo ambos hemos sido igual de culpables, solo que la única que ha sufrido aquí he sido yo. Pero a todos nos llega nuestro San Martín. Ya que todos en esta vida sufrimos, por un motivo o por otro. Y tú no vas a ser la excepción que cumpla la norma, porque no eres nada especial. Nadie por el que todo el mundo tenga que dejar de girar. Ya me he dado cuenta de que no fui un motivo que te causase pena ni dolor. Sabes que te quiero, pero es que a la vez te odio de una manera que no eres capaz de llegar a imaginar.
Lo importante en esta vida es saber dejar que el tiempo pase, que cure las heridas, al menos que lo intente. No todo se puede curar, así que yo no soy quién para decir que no lloréis, que no os preocupes, que no os ralléis. Porque es lo que he dicho siempre y ya me he cansado de dar consejos que ni yo misma soy capaz de seguir. A lo largo de la vida, vais a sufrir. Pero todos. Nadie se va a salvar del dolor. Sea por lo que sea: un corazón roto, una persona querida fallecida, un suspenso, una amistad falsa, una enfermedad, una mala relación con los padres o con los hermanos... Pero mientras nosotros suframos, pasará tiempo. Un tiempo que de una manera u otra nos cambiará la vida.
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